JAQUE DOBLE

Lino Aldani

Italia

Elena, le he dicho ayer, Elena, no hagamos tonterías. Y me precipité hacia la ventana; quería ver si alguno de los del edificio de enfrente nos estaba espiando, cerré los postigos, corrí la cortina, con rabia. Estás enloqueciendo, le dije, haces lo imposible para que te vean. Ella: no hace falta exagerar, era el reflejo, y nadie estaba mirando. Elena es muy prudente, yo no debería hacerle reproches, Elena sabe lo que hace, nunca ha corrido ningún riesgo inútil, jamás se ha comportado con ligereza. Ahora no exageremos, ha dicho, nadie miraba, y sin embargo, sí, podía haber alguno, siempre hay alguno detrás de la ventana curioseando, los delatores, los lobos codiciosos, anónimos, eminencias grises que todos los días van a trabajar quizás vestidos de mecánico con la camisa, el uniforme o el gorro de basurero, ellos en resumidas cuentas, los que quizá sean los jefes. No debería


yo no debería, hoy mi cabeza estalla, siento un taladro en la boca del estómago, me fastidia la luz que viene de afuera, me fastidia la luz de la habitación, la luz que irradia el monitor de Mark-5, no debería con la memoria abierta de par en par a otras cosas y los fragmentos de imágenes, la cólera, cuando he corrido la cortina y ella se ha echado a reír, ahora no exageremos, no seas ridículo, que nada puede ocurrir, en el mismo momento en que llegaba la tarjeta postal azul, la tarjeta postal no era de ningún modo una broma y cuando Elena la vio se puso pálida, comenzó a temblar y preparó la cena pero no comimos permanecimos quietos en silencio con los codos encima de la mesa hasta el momento en que tomé la jarra y las copas y los platos y estrellé todo contra la pared, y ella que trataba de calmarme, y ella que me decía que quizá la historia de la tarjeta postal era sólo una maligna farsa, que quizá se trataba de un simple control, todo para darnos valor, un control enigmático, de acuerdo, pero qué podemos saber nosotros, que no formamos parte de la alta clase dirigente, después de todo


yo no debería, Mark ha iniciado moviendo como de costumbre dos pasos el peón de dama, me da asco, hoy de cualquier modo no debería jugar... ¿Cómo se llamaba aquel artista? Cézanne. Cézanne pintó incluso el día en que murió la madre. Me produce asco, y después, incluso si poseyese la audacia de Nimzovich, la calma olímpica de Capablanca, la clarividencia de Anderssen y la agresividad de Steinitz, la frialdad de Lasker o de Botvinnik, las dotes de Alekhine, incluso aunque fuesen míos el genio fulgurante de Morphy y de todos los grandes campeones del pasado, este robot asesino se las habría arreglado para ganar la partida en menos de cuarenta movidas, es un dinamómetro


que todos los días mide mi estupidez. Elena, ¿sales? Tonterías, y luego de lo que te he dicho, no se te ocurrirá salir vestida así, claro que no, idiota, cómo se te ocurre, Mark ha iniciado con el peón de dama, incluso si hubiese abierto con la Inglesa la cosa no habría cambiado demasiado, a fin de cuentas la partida ha comenzado hace media hora, ignoro por qué me he puesto a jugar no lo habría creído con lo que ha sucedido a mediodía con el cerebro hecho jirones los escalofríos etcétera, porque lo importante ha ocurrido hoy no obstante dentro de mi cabezota son los hechos de ayer los que permanecen en la superficie como si todo hubiera comenzado precisamente ayer, Elena, y así Elena ayer ha dicho que hasta cierto punto no puede importarte pero di que tienes miedo sabes que la cabeza sigue sobre tus hombros y después ha dicho desvísteme, sácame estas cosas de encima y quédate aquí mientras me maquillo, verás cómo me arreglo


no, no necesitó mucho tiempo para afearse ha abierto la caja de alabastro y lápices y sombras frascos todo a la carrera un relámpago era una máscara que se reflejaba en el espejo me miraba y después la faja elástica


muy apretada


para apretar los senos, los zapatos de taco bajo, anteojos, y el abrigo gastado toda la puesta en escena para los rapaces cazadores de mujeres de ojos penetrantes que trabajan para sí mismos o por cuenta de otros, Elena le he dicho, Elena, regresa en cuanto te sea posible, no permanezcas afuera ni un minuto más de lo necesario y regresa de inmediato y en la puerta de calle quise que girase un poco las medias de modo que la trama deformada con arte le desfigurase la línea de las piernas la miré a los ojos le rocé el arco de las cejas afeadas con un cruel trazo de crayón negro-humo la nariz achatada a la fuerza por sutiles aros de goma introducidos en los orificios los labios reducidos a dos segmentos de áspero carmín la besé sobre la mancha violácea que le cubría media mejilla le llegaba casi al lóbulo de la oreja una membrana inamovible de plástico que Elena jamás olvidaba aplicarse antes de salir, ella sonrió, una risotada, si no fuese por aquel relámpago de ternura que de improviso le brilló en los ojos Elena Elena regresa enseguida, basta ya, me rindo, hagámosla corta, no quiero pensar más en mi mujer, en aquella tarjeta postal azul llegada con el correo neumático de las once, una convocatoria, alguna cuenta pendiente, lo sé, mi indiferencia sólo es aparente, pero queda el hecho de que hace media hora he conectado a Mark-5, he tenido esta fuerza, la he puesto en posición de juego con la ventaja de la salida y ahora estoy aquí sentado como para engañar al tiempo, payaso, y este 32 de diciembre, un día que no existe, que no debería existir, juega juega también al ajedrez, aunque la verdad es que a la larga me alcanzará, que lo que se teme acaba por llegar que siempre termina por lloverte sobre la cabeza, siempre, sin escapatoria, y además


hoy además, Mark además ha iniciado con el peón de dama. Además. Pero esta vez no le he respondido con la defensa India, no quiero que Mark me aniquile siguiendo la regla de moda, mejor es probar un camino diferente, quizá las máquinas ignoran la historia, Jesucristo, de modo que yo mismo he empujado el peón según la práctica antigua y cuando después Mark ubicó el caballo en f3 yo avancé el peón un paso, deslizándolo hasta e6, quizá un movimiento indolente, Mark ha puesto a rodar sus engranajes con un gruñido de satisfacción, ha respondido de inmediato, la inscripción se ha presentado antes de que transcurrieran los rituales diez segundos, yo he desplazado su alfil de la casilla inicial para ubicarlo en la quinta del caballo del rey, como quería, pero ahora estoy bloqueado, giro como un estúpido, y me como las uñas, y me molesta la luz, el silencio incomprensible abajo en la calle, como si todos hubieran muerto, me fastidia la luz que relampaguea en el panel de esta máquina imbatible, el aire el zumbido las imprecaciones que se arremolinan en el cráneo, basta por caridad


yo soy un imbécil, un redomado imbécil, mejor sería tomar una maza y romperlo todo. Todo. Pero antes necesito investigar, aclarar cómo y por qué, establecer las verdaderas instancias, las motivaciones. Estoy sereno, soy el dueño de mi pensamiento, puedo encaminarlo hacia donde me parezca, puedo poner en foco las imágenes, eliminar aquellas que me angustian. Si quiero, puedo pensar que sólo existe esta partida de ajedrez... Entre tanto, la movida del alfil a g5 me parece chapucera, el intento de un imbécil, indigno de un aparato tan costoso, pero no es la primera vez que Mark se permite esta clase de bromas, parece que juega distraídamente y en cambio a la callada elabora combinaciones que de improviso destilan veneno. Es necesario desconfiar, siempre. Ahora, por ejemplo, la marca más espontánea (Elena) me parece (Elena) empujar el peón a f6, me parece en resumidas cuentas


me parece en resumidas cuentas que así bloqueo la acción del alfil y lo obligo, Elena, a refugiarse en h4, Elena Elena, abandonando la diagonal inicial.


Elena. Hoy, cuando se repitió la escena del maquillaje y la faja y las medias y los tacos bajos, era un monstruo lo que descendía por la escalera, partía, cretino partía, la tarjeta postal indicaba una dirección, una calle del sector decimoctavo, he pasado por allí por lo menos cien veces y no lo sabía, yo no sabía.


la han llamado para que fuera allí, a uno de esos cincuenta edificios idénticos, dos mil departamentos, quizás es como una oficina en la que incluso hay otras mujeres, una especie de consultorio, o quizás es como un gran salón con seda y terciopelos, donde las hacen desnudar, para mirarlas por una mirilla y elegir...


No es cierto.


La semana pasada mi colega de la escribanía ha dicho que no es cierto, ha dicho que a su esposa la han convocado ya trece veces y que casi siempre la han enviado de vuelta de inmediato, sólo una vez la han retenido tres o cuatro horas, pero no sucedió nada más, realmente nada, incluso había otras cinco o seis mujeres y en cierto momento les han servido el té con bizcochos, no era un consultorio, era como un salón, pero no es cierto que las hicieron desnudar, el control es así, consiste en esto, que cada tanto mandan a llamar a las mujeres casadas, casi siempre a las que son casadas, y aquí quizá tiene razón el otro colega, el pelirrojo, cuando dice que según él es un consultorio médico en el que se esteriliza a las mujeres, él dice que en el té ponen unos polvos que evitan que nazcan los niños, en síntesis que lo que hacen es el control de la natalidad porque ya somos siete mil millones y no se puede continuar así, no hay más lugar, pero esto es un discurso que hila fino hasta cierto punto, yo sé de mujeres que han quedado embarazadas inmediatamente después de la convocatoria, quizá porque el control no funciona siempre, y después hay otra cosa, mandan a llamar con más frecuencia a las más jóvenes, a las más bellas, conozco la música. De hecho Elena siempre ha tenido miedo, mientras que hoy ha procurado minimizarlo, no sucederá nada, termina con estas estupideces, será cosa de un cuarto de hora, apenas, quien dice nada, eso, al avance en f6 Mark ha respondido retirando el alfil a f4, los que mandan saben perfectamente lo que quieren, por otra parte ninguno ha planteado jamás una objeción, yo hago así, pongo el alfil en d6, si hacen los controles por algún motivo debe ser, y de hecho lo tienen, necio, no eres otra cosa que un necio, el motivo que todos sospechamos, ahora quédate callado, piensa en mover las piezas, el juego del ajedrez se practica sobre una superficie cuadrada que se llama tablero (ahora bebo) dividido en sesenta y cuatro cuadrados treinta y dos blancos y treinta y dos negros que se llaman escaques, las piezas son el rey, la dama... las piezas son rey, dama, torre, caballo y alfil. Y los peones. Es decir la infantería. El juego es una lucha en la cual cada uno de los adversarios trata de hacer prisionero al rey del otro. Imbécil, Elena está afuera, bebe, nunca ha sucedido pero mientras tanto no regresa es muy tarde está afuera está en camino está allá abajo para rendir cuentas toda precaución es inútil alguno habrá adivinado a la bella dama bajo los andrajos bebe imbécil bebe y si Mark retrocede a g3 termina de una vez por todas con ese alfil, liquídalo


pero sí, estuvimos de acuerdo en que telefonearía en cuanto estuviera libre. Quédate tranquilo, me ha dicho, son caprichos, no tienes necesidad de arrojar los platos contra el muro. Ha sido en ese momento que abrí la botella de ginebra, me he puesto a beber


necia


eres por lo menos una necia, si no lo crees por qué sales con esa máscara sobre la cara, y un poco has llorado y después has dicho: es así porque tú eres un niño que tiene miedo del ogro, tú crees en los cuentos, paciencia, lo haré como tú quieres, ninguno se lleva a tu mamá, y en el umbral de la puerta ha tratado de sonreír, el esperpento se fue saltando escaleras abajo ya te han descubierto es inútil muéstrate tal como eres, a mí eso no me importa y me he ido adentro he llenado por tercera vez el vaso de ginebra goteaba por todas partes sobre la mesa sobre el suelo sobre mi bata frío en el cerebro como ahora más que ahora en todo el cuerpo hasta cuando ella haya regresado medio minuto después y me diga no me dejes marchar


di cualquier cosa no me pongas otra vez esa cara no esa cara si no me muevo vendrán a buscarme y será el fin, entonces me ha faltado el ánimo, he dicho: bien, en cuanto te liberen llama por teléfono, sí estoy tranquilo también yo ahora estoy calmo, vete: no sucederá nada.


4El juego del ajedrez se practica sobre un plano cuadrado que se llama tablero dividido en sesenta y cuatro cuadraditos, treinta y dos blancos y treinta y dos negros, que se llaman casillas. Las piezas son el rey, la dama, la torre, el caballo, el alfil y los peones. El juego se gana cuando se consigue dar jaque mate, es decir cuando se logra tomar prisionero el rey adversario. Inmediatamente después del rey, la pieza más importante es la dama. A esa pieza el jugador debe prestarle una atención particular: en los primeros tramos de la partida no es prudente mover la dama, porque las piezas adversarias estando todas en juego pueden plantearle problemas. La cautela nunca será excesiva, tanto más que la captura de la dama puede representar el inesperado logro de los objetivos de ataque adversarios.


Esta es la teoría, una serie de reglas. Además están el análisis del juego abierto y el juego cerrado. Los gambitos. Y los contragambitos. Y después la vasta e inagotable teoría de las aperturas, el estudio de los finales, el caos, el tablero


que ahora parece un trozo de tejido cuadriculado, la chaqueta de un gigante, la espalda se levanta y casi se arquea como la de una bestia que jadea y patea, ahora la luz se apaga. Ahora. En este momento el edificio no tiene vida, evacuado, han escapado todos, y en la calle los vehículos transitan sin convicción, una serie de sonidos sordos, garras de gato, dos o tres hilos de luz abanican las alturas contra los postigos de la ventana torre reina las piezas de cabezas brillantes, torneadas parecen los pomos de las camitas de hierro (ahora no, ya no las hacen más) ahora la fibra ha invadido el universo, las mesas las máquinas las tazas de los retretes y los cubiertos los vestidos las escupideras, yo me acuerdo


¿tres años? No lo sé, acabo de nacer a la memoria, más atrás de eso no llego, recuerdo la cama pequeña con los bordes de cáñamo entrelazado y sobre los hombros una manta con flecos, de lana (aquella cosa que una vez hicieron las ovejas), de acuerdo, ya entonces el mundo estaba acabado quedaron unos pocos fragmentos en la patética obstinación de los viejos, como reliquias, y después desaparecieron aquellos últimos que todavía podían venerarlos todo el templo se ha derrumbado bajo el diluvio, ¡abajo! estruendo de plástico, de los periódicos al pavimento de las calles los pañuelos higiénicos las cartas de amor, incluso el ajedrez.


Soy yo el que ha apagado la luz: porque en la penumbra me concentro mejor. Ahora el tablero parece un paisaje nocturno visto desde lo alto, yo recuerdo... Aquí tal vez me equivoco, es un error confundir los recuerdos con las imágenes de la duermevela, no lo sé, vuelvo a ver el valle el paño negro del campo constelado de luciérnagas pulsantes, estoy parado en el borde, casi suspendido sobre la cima de las colinas, qué sé yo del mundo y de la vida, que sé, estaba bien acomodado en mi caparazón donde el futuro es un campo de milagros, y detente, imbécil, los llanos de trigo y las selvas no existen más, detente, aquí no hay más que esqueletos de acero derivados mecánicos y laberintos de plástico vitrificado, y luego ella ha dicho: apenas me liberen te telefoneo. ¡Pfff! Algunos golpes no son fáciles de parar, en g3, naturalmente, Mark ha decidido poner su alfil en g3, y yo lo tengo copado, el alfil empezó a molestarme, un cambio, cuando estoy nervioso liquido las piezas porque cuantas menos veo mejor razono, Mark ha retomado con el peón de torre y yo he enviado mi caballo de rey a tomar aire, a e7, luces aquí bajo, allá abajo, luces lejanas, por ejemplo: yo nunca he visto ningún caballo, un caballo de verdad. Incluso cuando estaba de noche sobre las colinas y mi madre me señalaba el valle lejano que se encendía como un tablero, y luego en los campos o tras los setos, donde hubiera verde, en fin la hierba la he conocido, aquello sí, he podido conocer la hierba verdadera y las plantas verdaderas, y el techo de la casa estaba apoyado sobre dos vigas de abeto las enredaderas y un huerto tras la casa, es decir un trozo de tierra que uno pudiera cultivar, hubo mucha gente que entonces lo hacía, antes de que la aplanadora viniera a demoler todo, casas y granjas, también la colina fue aplanada, todavía tengo en la cabeza el ruido que encendió el aire, que lo desgarraba bramando, y ahora he aquí las luces, he aquí el zumbido, incluso Mark envía el caballo fuera del tablero, el de dama, lo quiere en d2, una esponja, necesitaría pasar una esponja por mi cerebro para borrar todo, así dentro de una hora (¿o dos? o quizá...) cuando Elena entre en esta habitación


oh, ella volverá como si nada hubiera ocurrido, antes de dejarla partir los cerdos le habrán lavado el cerebro, borrando de la memoria todo lo asqueroso, el recuerdo de todo aquello que ocurrió durante las dos horas de su permanencia allá adentro, lo sé, retornará a casa en un estado beatífico, mi colega de la escribanía es un imbécil, le han llevado a la mujer al menos treinta veces, y él continúa diciendo que nada de eso es cierto, que se trata de un simple control, e incluso Elena dirá eso, no ha sucedido nada, una formalidad, inténtalo, prueba hacer de cuenta que nada ha ocurrido, sería necesario que todos estuvieran al corriente, que todos conocieran la historia, el pasado, aquello que han hecho los infames de todos los tiempos, los ladrones, los asesinos, los explotadores, basta con tomar un libro y hojearlo al azar...


—¿Piensas que se trata de esterilización?

—Quizá. En cualquier caso somos siete mil millones, no podemos seguir así, no hay espacio.

—Entonces no es un salón donde las desnudan y luego...

—No. En mi opinión es una especie de consultorio.


y libros, también tenía libros, el viejo tenía infinidad de ellos, y una vez muerto, los nietos se los llevaron al sótano, entre los muebles destrozados el polvo excrementos de gato y ratón. Allá abajo nadie vigilaba, alguien bajaba de vez en cuando para llevar trastos, a veces la puerta quedaba abierta y entonces, con todos los otros, yo me colaba dentro conteniendo la respiración, en silencio porque el basilisco está tras el armario, escupe veneno con los ojos y tiene un aliento que congela, permanecemos callados y en la oscuridad alguien imita el silbido del monstruo, luego se encendía de nuevo la luz y los ratones se escapaban por los pozos de sombra del sótano, empezaba la fiesta o la batalla tras las pilas de libros y las mesas apolilladas, montones de restos, arrancábamos las páginas de a cientos así por juego y un día Diablo Diablo salí con el libro en el bolsillo, no estaba entero le faltaban las primeras treinta y tres, el libro del infierno, una historia curiosa de ultratumba con hielo y fuego y horcas y montones de condenados a suplicios imposibles, recuerdo, aquel día yo comprendí el antes y el después, qué cosa es la historia, toda la inenarrable procesión de espíritus en el tiempo, búhos y cristales, y aún otro libro, y luego otro, pronto aprendí a bajar solo, los hojeaba entre la humedad y el moho y el tufo, llevé a casa los más hermosos, encuadernados, los escondía en el fondo de un mueblecito, la llave, también la escondía cambiando el sitio con frecuencia, estaba Ruy Lopez, el abad ajedrecista autor del tratado donde de chico aprendí a mover las piezas, los primeros desgarrones de la fantasía los escalofríos las primeras polémicas de la lógica, aquí se explica que no es bueno proteger el peón de rey con el caballo de la dama, Cristo sé de memoria la Ruy López, todas las variantes del siglo dieciséis al veinte, Polerio y el Calabrés, Gustavo del Río, la escuela de Philidor y los otros, y los demás, el viejo conoció a muchos de ellos, jugó solo, un pobre viejo débil y baboso, solo ante el tablero, entonces los Mark no existían, estabas obligado a elegir como adversario a un idiota o bien jugar contra ti mismo, desdoblado, sobre la falsedad de los libros, no ser tan bueno l'Arfil del Rey*, me lo sé de memoria, y este canalla de Mark-5 que no abre nunca con el peón de rey, siempre con el de dama y si lo hago yo siempre contesta con una Siciliana o con una defensa de flanco, un subterfugio, cosa de hacerle probar cien mil voltios, reducirlo a una caja humeante, centellas y chisporroteos, muerta, reducida a cenizas.


sí, estaba lleno de libros, allá abajo. Recuerdo aquel que hablaba de los mecenas, vizcondes y siervos de la gleba, levantabas el puente levadizo y ninguno más podía entrar, todo un foso lleno de agua, y adentro uno cepillaba uno cosía el otro cocía vasijas y modelaba el hierro, todos para uno y uno para sí mismo, una regla simple, con los muertos degollados e incensarios y bendiciones pero como tú tomaste a la mujer rápidamente él se presentó y entonces...


es quizá de esta historia que han nacido todas las ramificaciones, una leyenda, el primer ciudadano, el baronet dentro de un escudo de armas con torres y culebras, en efecto, las anémonas del campo aplastadas por los chanclos de los brutos, raya y vergüenza, no importa si otros libros sustentan lo contrario, cierto, los años pasan y también el bárbaro se dulcifica, antiguos autores dicen que ya no se ejerce el derecho de pernada y que el señor se limita a introducir una pierna en la cama de la novia, en presencia de todos los invitados que llevaron regalos, esto es lo que dicen los libros, y era el tiempo del odio auténtico, conocías el nombre de tu patrón, podías asesinarlo en sueños todas las noches, tenderle una emboscada, pegar fuego a su castillo, y luego, incluso después de aquello, conocíamos el rostro del tirano del cura del banquero, en cada sublevación de pueblo nosotros supimos contra quien disparar, no como hoy, no como ahora, aquí no se sabe quien gobierna quien hace la ley, quien se esconde tras las montañas de dinero que trituran el mundo, no conocemos nada de nada y la rueda gira lo mismo, dicen que es mejor, que es mejor no saber quienes son los que dirigen todo porque así al menos las cosas marchan, cierto, también una súper bomba en mis manos sería inútil, tampoco sé dónde es la sede del gobierno, nadie lo sabe. Nada.


Nada. Ahora también ha salido la dama, la he empujado a la tercera casilla donde su radio de acción es mayor, ahora casi son las siete, ahora es tarde. La botella de ginebra está medio vacía, la cabeza me da vueltas las casillas del tablero no se quedan quietas tiemblan y babean calle abajo en la que se arrastran de vez en cuando mil zarpas de gato ruidos pinceladas de luz que se abren en abanico y vienen a rozar la ventana hay silencio un racimo un colador de agujeros incomprensibles ¿te has vuelto loco? Ahora no exageramos, era un reflejo, no sé, quizás sea mejor no mover la dama, quizás sea mejor dejarle la iniciativa a Mark, descubrir primero sus intenciones y luego decidir, bestia, Mark presiona en e4, ataca el centro y libera al alfil, no tengo elección, la toma del peón es necesaria y si retoma de caballo peor para él porque entonces le jaqueo el rey y le destrozo el ala izquierda, ahora bebo, mira esta botella, me resbala de la mano se hace añicos salpica licor sobre el suelo, los vidrios, ya está claro que la han retenido, el tráfico no tiene nada que ver, y además habíamos quedado de acuerdo que en cuanto saliera, Elena no lo ha hecho, no ha telefoneado, no quiero mirar el reloj, no quiero es como deambular inútilmente por los pasillos de un edificio de oficinas, ellos mandan la tarjeta postal, dentro de un saloncito seguramente es como un saloncito con cortinados de seda y terciopelo para que se sientan a sus anchas mientras las observan a través de una mirilla y eligen no quiero ahora abro otra botella y mientras tanto Mark retoma verdaderamente de caballo y la dama agrede


en ese momento la máquina se equivoca



Ilustración: Pedro Belushi

doy jaque en b4, ante cualquier cosa que haga Mark le gano el peón de b2, no entiendo, un lance con segundas intenciones y se ha lanzado de cabeza lo que me hace sospechar, quizás... No, quizás me equivoque, yo debo dejar de considerar a las máquinas como si fueran la cima de la perfección, debo convencerme de que también Mark-5 se puede equivocar, debajo de la carcasa hay decenas de miles de circuitos, razonemos, han insertado los desarrollos de un montón de partidas, pero solamente una parte de ellas son efectivamente jugables, las más lógicas, las que siguen el espíritu del juego, pero supongamos a un loco, no, mejor a un bromista que en la apertura hace una movida tonta, o bien insólita, una movida no contemplada en el proyecto, la máquina qué hace, no puede reclamar una violación de las reglas, los selectores se bloquean y las agujas del autómata empiezan a girar en círculos, tendrá que proceder de movimiento en movimiento sin fiarse más que de su capacidad de previsión, y nadie dice, carajo nadie dice que su capacidad en este plano sea superior a la mía, ahora me ilusiono, pero si lo pensamos bien podría ser así, sin contar que algunas veces (pero es raro, muy raro), en síntesis que el así llamado error medio cuadrático de filtrado puede atontar hasta al ordenador electrónico más dotado, sería hermoso agarrar a cachetadas a Mark, idiotizarlo, encerrarle el rey en un rincón y darle mate


Nada. Son las siete y cuarto.


Ella dirá

—No ha sucedido nada, un simple control.

—Y si en cambio...


Dirá:

—No, no ha sucedido nada, un simple control.

—Ese testimonio es inaceptable.

—¿No te fías de mí?

—No puedo: una pasada de esponja sobre tu memoria y...

—Ninguna pasada de esponja, te lo aseguro.

—Eso es precisamente lo que no puedes asegurarme.


Y por un momento habrá silencio, Elena tendrá en los ojos un brillo ambiguo un relámpago indescifrable una sonrisa la fuga de los recuerdos largas naves kilométricas la vida la vida innoble y en la habitación habrá algo como un pequeño cuchicheo de cosas que se apagan un eco leve y luego sonoro de concha marina el tiempo congelado alrededor de un montón de rabia.


Después Elena dirá:

—¿Y ahora?

—Ahora nada. Es todo como al principio, y todo ha cambiado.

Es todo como al principio, pero de nosotros, realmente nuestro, no queda ni una pizca, un cabello.


Así. Palabras pronunciadas mil veces en discursos hipotéticos. Elena sabe, Elena siempre lo ha presentido, en los días que vendrán será como una ciega persecución en un laberinto de habitaciones sin salida.


jugar, jugar siempre, todos los días


continuar del mismo modo, con toda la atención, una manera como cualquiera de ahogar el sufrimiento, beber y jugar, concentrado, tratando de apresar algo como aquel tío, Pascal me parece, que pasó la noche estudiando la cicloide atormentado por el dolor de muelas, ya no sintió nada, ahora entiendo, ahora me doy cuenta, el mundo es inatacable, una esfera compacta de metal erizado de espinas, puedo golpear como loco y sólo lograré partirme las manos, imbécil, no debería haber traído a casa esta caja de válvulas con ojos que relampaguean y zumba y asusta se parece demasiado a la bestia que acecha allá afuera, modelo en miniatura de un universo obsceno, esa es la razón, Elena, es ésta, ginebra por piedad, ahora comprendo que nunca fue por diversión siempre he jugado con el corazón en la garganta el temblor la ansiedad un desafío si pudiera una vez al menos bastaría si pudiera romper la cadena subir a flote y respirar


una


una sola vez derrotar al campeón, la libertad de un instante daría sentido a todas las charadas las cifras los enigmas las leyes sin nombre de este mundo estúpido podría justificarme a mí mismo y a los demás y todo el trabajo inútil la pérdida de tiempo toda la chatarra de servo-mecanismos la automación de la automación como si yo no supiera que en la oficina mis funciones de control representan una coartada la excusa para tenerme ocupado no hay nada absolutamente nada somos seres inútiles Elena inútiles pero supongamos sólo por un momento —Mark ha cubierto el jaque empujando el peón a c3— supongamos que esta tarde prevalezca mi cerebro, entiendo, el peón que ahora tomo en b2 es una ventaja completamente relativa, pero supongamos que de la posición derive una ulterior ventaja, por lo que sé, un peón es todavía un peón, y no hay Mark que valga: cambiando todas las piezas tendría un final ganado


la Máquina de rodillas, derrotada, desnuda


sí, hay demasiadas cosas que me enferman, la humillación, son las siete y media, yo no quería, Elena no quería mirar el reloj, ha sido un gesto mecánico, irreflexivo, ya no soy un niño, no creo en milagros es tarde se me va la cabeza los ojos me arden hay un torbellino, Elena te lo he dicho, ayer, Elena, ayer, y anteayer e incluso el otro día, siempre, desde que estamos juntos, mil veces, mil veces he visto al esperpento bajar por las escaleras y mil veces la pesadilla se ha disuelto a su regreso, yo la desvestía de aquellos horrorosos adornos, por fin, como cada tarde que era sólo mía, luces, zumbidos, son las siete y media, no conozco aún todo el infierno de los días por venir, en d2, quiere poner el caballo en d2, lo había previsto, ejecuto, entra en funciones la parpadeante luz roja, no entiendo, quizás la espina de la pieza no ha calzado como corresponde en las terminales de contacto, hundo el caballo hasta el fondo pero el intermitente queda encendido, la inscripción sobre la pantalla no ha desaparecido, Cfd2, pero cómo he hecho para equivocarme, levanto el caballo, lo repongo en e4 y coloco en d2 el que estaba en f3, Mark se sobresalta el ojo rojo se apaga y se enciende el verde, esto marcha, podemos continuar, por un momento me ha parecido oír... basta ya por caridad, aquí hay riesgo de locura que me meto en la cabeza la máquina la trampa no me causa ninguna gracia perdido por perdido dispara la trampa yo no debí dejar la dama demasiado expuesta no debí Mark en la próxima jugada saltará a c4 Elena está fuera ya el tiempo no cuenta media más hora una hora y toda aquella gente que no conozco que finjo conocer porque nadie habla no nos fiamos los unos de los otros sonrisas de molusco cada uno empolla la angustia en el fondo del alma cada uno podría representar la comedia hacer circular rumores tranquilizadores ser un jefe uno de aquellos cobardes que gobiernan escondidos controlando cada cosa las diversiones el sueldo lo que tienes que comer y cómo tienes que soportar las ofensas todos esos escupitajos en el plato en el que comes, fuera, Elena está afuera podrían incluso matarla un agujero en la ficha la noticia lacónica el control quizá la firma indiferente de un empleado Elena es tarde todo el edificio se derrumba sobre mí Elena Elena

en a3 no

la tercera casilla significaría mi viudez, es mejor en b6, quizás haya encontrado la salida pero el animal me esperaba al paso, salta a la cuarta de alfil, Elena corre en c6, el mismo bucéfalo loco se catapulta y jaquea al rey, no estás acabada mujer, tomo el caballo con el peón, ahora tengo por delante diez segundos de angustia, Elena, diez segundos y la sentencia retumbará en los circuitos con un estruendo del infierno, míralo, como un halcón el alfil se deja caer sobre la quinta línea, liga a la mujer y al marido a una misma suerte, Elena adiós, tomo en b5 pero está el otro caballo que jaquea, en el corazón y en la mente.


Se acabó.


Las manos apoyadas sobre la carcasa de Mark-5. El metal todavía está caliente, las palmas sobre la carcasa oscura y silenciosa, no hace mucho (cuándo sonó el video). Me quedé inmóvil, no he tenido siquiera fuerzas para hablarte, de oír tu voz, Elena, ver tu máscara tras el cristal, no, ratas y lombrices, un pozo fétido de obscenidades sin nombre, he quedado inmóvil, los timbrazos, élitros vertiginosos de timbrazos vacías alas de libélula enloquecida, ahora te pienso y veo ahora veo tu fantasma que vaga a lo largo de las calles, una cáscara de silencio que nadie podrá quebrantar, y los pasos, adoquinado, sonoras torpezas sin respuesta, ¿por qué, dime, por qué? Giras en la esquina te paras un instante, es difícil, casi es imposible seguir tu imagen, caminos ahogados en el vidrio en la muchedumbre las caras las risas sarcásticas astutas y allá arriba entre las agujas de acero quizás todavía un gajo de cielo es inútil es inútil mirar en el humo de los triángulos, también el cielo está estropeado, no hay otra cosa que muros y plazas y soledades, puentes derrumbados, las catedrales dónde el polvo ha consumido el sonido de cada palabra, Elena, Elena escucha, tú llegarás pronto, falta una avenida veinte edificios de nada, el chasquido sordo y rabioso de la cancela, subirás las escaleras, apagada, destruida, la llave, la puerta que se abre, la luz en el zaguán entrarás


aquí, en esta habitación


Pero no tendremos más, Elena, no conseguiremos más el coraje, nunca más



La partida (Lasker-Delmar, 1910)


1. d4, d5; 2. Cf3, e6; 3. Ag5, f6; 4. Af4, Ad6; 5. Ag3, A:g3; 6 h:g, Ce7; 7. Cbd2, Dd6; 8. e4, d:e; 9. C:e4, Db4 jaque; 10. c3, D:b2; 11. Cfd2, Db6; 12. Cc4, Dc6; 13. Ccd6 jaque, c: d; 14. Ab5, D:b5; 15. C:d6 jaque y las piezas blancas vencen.


NOTA: * En castellano antiguo en el original. Hace referencia a un libro de ajedrez de Ruy López de Segura.



Título original: "Scacco doppio"
Traducción: Sergio Gaut vel Hartman


Lino Aldani, considerado con justicia el padre de la ciencia ficción italiana, nació en San Cipriano Po el 29 de marzo de 1926. Siendo joven se trasladó a Roma dónde debutó en narrativa al publicar en la revista especializada Oltre il cielo en 1960. Con su nombre y utilizando el seudónimo N.L.Janda, en los siguientes años publicó casi medio centenar de cuentos. Pero Oltre il cielo, debido a su rígida línea editorial, limitaba fuertemente las posibilidades expresivas de Aldani, por lo que el escritor decidió fundar su propia revista. Se asoció con Massimo Lo Jacono y Giulio Raiola y dieron vida a Futuro en 1963, pero a pesar de su óptima calidad, la revista tuvo una corta vida y feneció en el número 8. En 1964 se publica una antología personal: Quarta dimensione, lo que no impide que a partir del cierre de Futuro Aldani inicie un período de silencio y sólo publique un puñado de cuentos. En 1968 regresa a San Cipriano, junto a su mujer y recién volverá a la escena en 1976, cuando presente el cuento "Visita al padre" y luego Quando le radici, la novela de su vida, que habría sido escrita aunque no se hubiera ocupado nunca de la ciencia ficción. Habrá que esperar hasta 1979 para que se publique otra antología personal, Eclissi 2000 y a 1985 para que aparezca la novela Nel segno della Luna Bianca (escrita con Daniela Piegai). Luego llegarán otra antología personal en 1987, Parabole per domani, y la novela La croce di ghiaccio en 1989. Aldani es descrito como una persona esquiva y reservada, por lo que no es posible abundar en detalles sobre su vida. No obstante, es indudable la decisiva influencia de su narrativa en la conformación del "modo italiano" de entender la ciencia ficción: un estilo sólido y cuidado que se une a una preocupación por lo social que sólo se encuentra fuera de Italia en la ficción especulativa latinoamericana.


Axxón 169 - diciembre de 2006
Cuento de autor europeo (Cuentos: Fantástico: Ficción Especulativa: Distopía: Narrativa Experimental: Italia: Italiano).