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AnaCrónica News
INFORMACIÓN GENERAL

La leyenda negra del Topo G.I. Joe

¿Quién no recuerda al topo G.I. Joe? Era aquel simpático ratón de gomaespuma y kévlar que, a mediados de los ’80, nos advertía desde la pantalla chica sobre los peligros del comunismo. ¿Había algún chico que no tuviera un muñeco, una cartuchera o un juego de pastillas de freno del Topo?

Sin embargo, la locura por el Topo G.I. Joe cesó tan repentinamente como había empezado. El programa se levantó del aire y todo su merchandising fue retirado de los negocios, sin que nunca se diera ninguna explicación.

Por supuesto, no tardaron en echarse a rodar los rumores. Circulaba una versión, perturbadoramente persistente, de que los muñecos cobraban vida durante la noche para llevar a cabo toda clase de travesuras. Una mujer declaró haber encontrado a uno en el aparador una madrugada, raspando con una moneda un pitufo serigrafiado en un vaso. Una adolescente aseguró que el Topo de su hermano la había perseguido por toda la casa al grito de “alá-camí-ta, alá-camí-ta”.

Todas fueron historias anónimas, imposibles de verificar; pero ahora parece que podría haber algo de verdad detrás de todo esto. Según documentos publicados recientemente en la sección de desclasificados del New York Harold , los juguetes se habrían fabricado utilizando tecnología militar secreta que aún estaba en su fase experimental. En uno de los párrafos centrales se lee: “Siguiendo las recomendaciones del general [censurado] y según las disposiciones de [censurado], se ha decidido usar a América Latina como campo de pruebas para las unidades JOE-90. Se ha comunicado al Presidente de los [censurado] Unidos que, si los ensayos dan resultados satisfactorios, se procederá a la fase 2: el lanzamiento de blisters de unidades JOE-90 por encima de la Cortina de Hierro”. Más adelante se revelan datos pertinentes al posterior desarrollo y cancelación de la operación: “Según informan los contactos en [censurado], las unidades estarían funcionando de maneras imprevistas. (...) Fuentes de la más baja credibilidad insisten en relacionar estas extrañas reacciones con la muerte, aún no explicada, de un programador ligado al proyecto, Brad Lloyd De Vries. Según testigos, mientras intentaban asistirlo en medio de convulsiones, éste se esforzaba por llegar al teclado e incluir entre el código unos indescifrables comentarios en haitiano. (...) Dado el potencial peligro para la seguridad nacional, se recomienda cancelar de inmediato el programa y decomisionar las unidades JOE-90 mediante ICBMs con cabeza nuclear, o, en caso de no hallarse ninguno desocupado, por medio de la señal satelital de apagado.” Al cierre de esta edición, el Estado Mayor del Pentágono no había respondido a nuestros llamados.

 

POLICIALES

Clorofilde, tras las rejas

Días atrás fue aprehendida en su quinta de Don Torcuato la conocida empresaria mutante Magnolia Delavayi (más conocida por su alias “Clorofilde”), según informaron fuentes policiales. La detención de Delavayi se produjo luego de un rastrillaje de varios días, que culminó cuando un oficial la identificó en un huerto, donde intentaba hacerse pasar por un almácigo de lechuga.

La carrera pública de Clorofilde dio inicio en el año 2001, a raíz de un accidente que padeció con un secador de pelo. Según su biografía oficial, Raíces, una deficiente aislación de las conexiones eléctricas del artefacto habría generado un flujo de radiación que activó el shampoo Sedal con ADN vegetal con que Delavayi acababa de lavar su cabello. Tiempo después, con las contribuciones anónimas que siguieron a su aparición televisiva, estableció la Fundación Lazos de Amor para asistir a las personas en su situación. Como era la única, todo el dinero fue a su propio bolsillo y eventualmente se halló en la presidencia de su propio holding empresarial. Su fama se incrementó luego de aparecer varias veces en la portada de Forbes, Fortune y Casa y Jardín.

Sin embargo, su pose de millonaria fitántropa enmascaraba una agenda oculta. En esa agenda, según se acabó por descubrir, estaban los teléfonos de numerosas organizaciones ecoterroristas. Fueron precisamente estas organizaciones las que pusieron sobre aviso a la Policía Federal, División Delitos Temáticos, cuando advirtieron que Clorofilde jugaba a dos puntas. “Descubrimos que la [censurado] invertía en biotecnología y transgénicos”, declaró a este medio uno de los cabecillas. “¿Está loca? ¿Cómo va a apoyar que le pongan genes humanos a las plantas? ¿No sabe que eso es malo para el ambiente?” Y agregó: “Lo que nosotros queremos es erradicar a la plaga humana del planeta, no reemplazarla con una civilización de potus que siga destruyendo los hábitats naturales”. Sin embargo, la corona y el manto de armiño que fueron encontrados en la quinta de Clorofilde parecen sugerir que ésos eran sus planes.

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