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18/Jul/04




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El Buen Doctor no pudo librarse de los mitos

Isaac Asimov llamó a la versión cinematográfica de su libro Yo, robot "la primera película realmente adulta, compleja y meritoria de la ciencia ficción que se ha realizado". Lo triste es que no hablaba de la película que acaba de ser lanzada en los Estados Unidos por Twentieth Century Fox, protagonizada por Will Smith, sino sobre el guión que él mismo había desarrollado en colaboración con el escritor Harlan Ellison, que estaba listo en 1978. Esta versión anterior fue llamada "la película más grande de ciencia ficción jamás realizada".

Ellison, uno de los autores de ciencia ficción más celebrados en su momento, fue comisionado para convertir la visión de Asimov del futuro de la robótica en una película sólo luego de que otros escritores y directores habían luchado y fallado durante años en sus intentos de transferir el libro al celuloide. Parte del problema es que Yo, robot (publicada por primera vez en 1950) no es una novela sino una colección de cuentos, que muestran un examen de las diferentes complicaciones en la interacción entre los seres humanos y los robots humanoides. Los cuentos poseen algunos personajes y temas recurrentes, pero no hay un plan narrativo que los una. En cambio, hay una serie de meditaciones sobre los enigmas filosóficos y sociales planteados por la más celebrada invención de Asimov: las Tres Leyes de la Robótica.

Asimov tuvo la inteligencia de limitar las leyes a tres, refiriéndose de ese modo a un trío de famosas leyes de la ciencia física, las leyes de Newton del movimiento y las leyes de la termodinámica. Estas leyes son listadas al principio de la nueva película, del lado derecho de la pantalla:

1. Un robot no puede dañar un humano o, por su inacción, permitir que un humano sea dañado.

2. Un robot debe obedecer las órdenes que le dan los seres humanos, a menos que esas órdenes entren en conflicto con la Primera Ley.

3. Un robot debe proteger su propia existencia mientras esta protección no entre en conflicto con la Primera o Segunda Ley.

Los cuentos de Asimov se han convertido en una parte tan establecida en el folklore de la robótica que sus tres leyes han dado forma a una parte fundamental de la forma de pensar en el desarrollo de la ingeniería robótica y de la inteligencia artificial en la vida real. En la película, sin embargo, mucha de la acción es motivada por robots que se han programado de alguna manera para evadir estas leyes, y bajo esta circunstancia, convenientemente, sus pechos comienzan a brillar con un intenso rojo.

La casi catástrofe que sobreviene es impulsada en última instancia por la computadora maestra de la Compañía de Robótica de los EEUU, llamada Viki, que decide que los seres humanos deben ser esclavizados por los robots para su propio bien, para evitar que sigan matándose y emprendiendo una guerra tras otra. Esto es irónico, porque Asimov tenía claro que sus robots basados en las tres leyes fallarían al tomar en cuenta los intereses de la humanidad en su totalidad. La primera ley los forzaría a salvar un solo humano incluso al costo de poner en peligro el resto de humanidad. En consecuencia, en 1985 Asimov propuso agregar una Ley Cero:

0. Un robot no puede dañar a la humanidad o, por su inacción, permitir que la humanidad sea dañada.

Fue gracias a la puesta en práctica de esta ley que la premisa de la película pudo ser factible.

La intención de Asimov con sus cuentos de robots (hay más de ellos en un libro más reciente, El resto de los robots) fue explorar las consecuencias, y en particular los agujeros en la lógica, del esquema que había establecido. Roger Clarke, consultor de información tecnológica en Australia, ha argumentado que estas historias actúan colectivamente para demoler el sistema inicial de contención: demuestran, dice Clarke, que "no es posible determinar confiablemente el comportamiento de robots ideando un sistema de reglas". Las ambigüedades lógicas y semánticas de las leyes dan demasiado espacio para la interpretación.

La película, en contraste, no pone mucho cuidado en cómo lleva a sus robots a ponerse fuera de control, siempre y cuando los resultados sean ruidosos y pirotécnicos.

Pero quizás uno de los aspectos más criticables de la película es la parte constructiva de los propios robots. Se supone que es el año 2035. Sin embargo, a excepción de las caras, realizadas con un plástico blanco y capaces de sutiles expresiones similares a las de los humanos (a pesar de los engranajes y levas que se traslucen debajo), estas criaturas son sacadas directamente de la era en que se escribió el libro original de Asimov: totalmente humanoides, con ejes de metal y cables en lugar de músculos. Son versiones aerodinámicas de Gort, el robot de El día que paralizaron la Tierra ("The Day the Earth Stood Still", 1951), o como C3PO de La Guerra de las Galaxias.

Está muy claro que los robots realmente útiles no se verán de esa manera: lo más posible es que sean cosas proteicas, que se reconfiguren según cada la que deban hacer.

Yo, robot al final no es una película sobre robótica (olvídese de la cuestión simbólica de los robots que desarrollan sentimientos, que fue mucho mejor manejada en Blade Runner, una película con la cual Yo, robot tiene muchas deudas). En lugar de eso es una vez más la vieja leyenda de Prometeo; la historia del Golem de Praga, de Viktor Frankenstein, del hombre que crea un monstruo que no puede controlar.

La palabra robot apareció por primera vez en una historia escrita por el checo Karel Çapek en 1918, derivada de la palabra checa "robota", que significa 'trabajo forzado'. En la historia de Çapek, una raza de seres creados como esclavos por un científico llamado Rossum (del checo "rozum", razón), se rebela y elimina a la humanidad.

Este era precisamente el punto de vista cliché de los robots que Asimov intentaba borrar. "Bajo la influencia de los hechos bien conocidos y del último sino de Frankenstein y de Rossum", dijo él, "parecía que cabía un solo cambio en este diagrama - los robots fueron creados y destruidos por su creador. Crecí cansado de ese cuento relatado centenares de veces. En 1940 comencé a escribir mis propias historias de robots - pero historias de robots de un nuevo tipo".

Es evidentemente que no es tan fácil librarse de un mito.

Más información:
Monster or machine?


            

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